Haitiano sacrifica a su sobrino en ritual en Lo Prado

El menor de 1 año fue secuestrado y asesinado en una plaza el pasado 19 de Enero segun consigna La Tercera en un  reportaje del sábado recién pasado.

Los hechos relatados en el reportaje muestran una parte importante de la cultura haitiana que los defensores de la inmigración masiva de personas de ese país no quieren ver, el del vudú y los sacrificios humanos.

Silodes Pierre, haitiano, 24 años, llegó hace poco más de un año a Chile. Buscaba continuar los pasos de su hermana, Sultane, que había logrado cierta estabilidad en el país. Desde hace cinco meses que arrendaba una pieza en Lo Prado, mientras seguía en la búsqueda de un trabajo estable. En la Población Lautaro lo conocían como Félix y se le describía como un tipo tranquilo. En la casa de Santa Zenobia, donde arrendaba una de las piezas, también: destacan que no era agresivo, que nunca dio problemas.

Pero las últimas semanas no lo había pasado bien. Los dueños de la casa señalan que se habían vuelto recurrentes sus quejas. Félix pasaba las noches despierto, les decía que no podía dormir. Que su pieza la habitaba un demonio. Le habían regalado unos inciensos, en broma, para que pudiera “combatirlo”.

Cuando llegó carabineros alertados por el secuestro de el pequeño Martín de 1 año de edad se encontraron con una escena propia de un ritual vudú haitiano:

En la habitación, dicen los testigos, lo que más llamaba la atención era la disposición de las cosas. El colchón estaba completamente teñido de rojo y, a un costado, en el suelo, había un martillo. También destacaban algunos vasos alrededor. Poco a poco, la primera hipótesis de las policías, que apuntaba a un crimen por venganza, fue perdiendo fuerza. El estado en el que encontraron al niño los hizo dudar: a Martín lo hallaron sobre una sábana amarilla, en el piso, acostado hacia su izquierda, con varios cortes precisos en el torso.

Algunos relatos de como ocurrieron los sucesos:

Sus pesadillas se hicieron realidad el sábado 19. Allí, todo cambió: pasadas las 14 horas, se dirigió a la casa de su hermana y se llevó por la fuerza a su sobrino, Martín. Llegaron hasta su pieza y lo dejó dormir por unos cuantos minutos. Cuando el menor despertó llorando, sin embargo, no aguantó más: le tapó la boca con una sábana, agarró un cuchillo que encontró sobre la nevera y se lo enterró en el abdomen, con fuerza, hasta que el pequeño dejó de moverse. No quiso terminar ahí: segundos más tarde comenzó, con sorprendente precisión, un improbable segundo ataque. Esta vez perforó la zona pectoral y arrancó el corazón de su sobrino. Pensó en guardarlo precisamente en la nevera, pero rápidamente dio marcha atrás. Prefirió envolverlo en un pañal desechable y esconderlo en su mochila.

Félix seguía fuera de sí. Llamó a su polola, de nacionalidad colombiana, y se enfrascó en una discusión también con ella. En su posterior declaración a la PDI, la mujer relató que cuando le preguntó qué estaba pasando, qué le había ocurrido a su sobrino, no obtuvo respuestas. Asustada, buscó refugio en un amigo, también haitiano, que la acompañó de regreso a la pieza. Pero, de un momento a otro, tras un breve diálogo, su novio se alteró e intentó atacarla: comenzó a perseguirla empuñando el mismo cuchillo. Gracias a la ayuda de su amigo finalmente logró escapar.

El asesino se encuentra en este momento privado de libertad.

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